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miércoles, 11 de junio de 2025

Antonio Colinas

ESCALINATA DEL PALACIO

Hace ya tiempo que habito este palacio.
Duermo en la escalinata, al pie de los cipreses.
Dicen que baña el sol de oro las columnas,
las corazas color de tortuga, las flores.
Soy dueño de un violín y de algunos harapos.
Cuento historias de muerte y todos me abandonan.
Iglesias y palacios, los bosques, los poblados,
son míos, los vacía mi música que inflama.
Salí del mar. Un hombre me ahogó cuando era niño.
Mis ojos los comió un bello pez azul
y en mis cuencas vacías habitan escorpiones.
Un día quise ahorcarme de un espeso manzano.
Otro día me até una víbora al cuello.
Pero siempre termino dormido entre las flores,
beodo entre las flores, ahogado por la música
que desgrana el violín que tengo entre mis brazos.
Soy como un ave extraña que aletea entre rosas.
Mi amigo es el rocío. Me gusta echar al lago
diamantes, topacios, las cosas de los hombres.
A veces, mientras lloro, algún niño se acerca
y me besa en las llagas, me roba el corazón.

miércoles, 25 de septiembre de 2024

Antonio Colinas

Miras, con ojos luminosos,
mientras hablo, mis ojos. Los cabellos
son fuego y seda,
y el rosa laberinto del oído
desvaría en la noche,
acepta las razones que doy sobre una vida
que ha perdido la dicha y su mejor edad.
¿Cómo me ven tus ojos? Yo sé, porque estás cerca,
que mis labios sonríen,
y hay en mí delirante juventud.
Inocente me miras, y no quiero saber
si soy el más dichoso hipócrita.
Sería pervertirte decir
que quien ha envejecido es traidor,
pues ha dado la vida
o dado el alma,
no sólo por placer, también por tedio,
o por tranquilidad;
muy pocas veces por amor.
He acercado mis labios a los tuyos,
en su fuego he dejado mi calor,

y emboscado en la noche
iba espiando en ti vejez y desengaño.


miércoles, 20 de diciembre de 2023

Antonio Colinas

XXIV

Nunca jamás debiera hablar de aquella noche.

Recuerdo que la luna iba entre mar y cielo
transformándolo todo. La luna navegando
en tus ojos o tú navegando en la luna
que hacía de la noche un alba plateada.
La luna desvelando olvidados jardines
en las costas lejanas, poniendo fuego azul
en la nave, que iba extraviada de un lado
para el otro, con cuerpos dormidos en el aura
húmeda que inflamaba la soledad marina.
Ya no puedo hablar de tu cuerpo buscado
por la luna, olfateado por su ojo de sangre,
perseguido en la noche, tan herido, tan muerto.
Luna-presa eras tú cercada por mastines
de música, cazada entre mórbidos mármoles.
Luna muerta en los brazos del que te acariciaba.
Y, desde aquel nocturno, tú ya no serás nada,
pues nada puede ser quien ha estado ya muerta,
sublimemente muerta en la hora del límite,
en el instante aquel como un asesinato
en que Divinidad encanta a los mortales.
No sé si se movía la nave y junto a ella
el mundo; yo no sé si la luna bajaba
o ascendía tu cuerpo como una blanca hostia,
pues era muy profundo tu deseo de darte
a la noche, de ser, en su boca de estrellas
distantes, una diosa, un cuerpo desangrado
de diosa comulgado por el cielo abismal.


jueves, 26 de octubre de 2023

Antonio Colinas

Cuando llegó la noche
hubiera sido hermoso
extraviarse hasta el alba
por este laberinto
de la ciudad antigua;
pero me dejó quieto y mudo
un leve rumor de agua en la fuente,
unos peces dormidos en el estanque
y las hermosas piedras
de fuego silencioso
que ardían, que ardían.

Luego, hubo un silencio
cuando los dos rostros
se fundieron en uno
en el instante de la despedida:
en una sola imagen de humo,
como el tiempo
también de humo,
que veloz transcurría
y se nos escapaba.

Esta noche, pon el ramo de azahar
que dejé en tu mano
en la almohada,
junto a tus ojos.
Mientras duermas,
su aroma borrará la distancia
y te traerá de lejos una mano:
la que no fue capaz
de posarse en tu rostro,
de posarse en tu rostro.


Canciones para una música silente: 318 (Libros del Tiempo) : Colinas,  Antonio: Amazon.es: Libros

viernes, 26 de mayo de 2023

Antonio Colinas

El límite de lo inolvidable

Donde se cierra la espesura
de los castaños, los robles y el brezo
se abren los ojos del lobo.

Allí se cierra el bosque
y se abre la noche,
y se abre el firmamento,
los límites de lo invisible,
del no-ser.
¿O de un modo de ser siempre ignoto?
¿O acaso de ese ser
que un día nos hará vivir en plenitud
absoluta?

Donde se cierra la espesura
de los castaños, los robles y el brezo
se abren los ojos del lobo.


martes, 27 de marzo de 2018

Antonio Colinas

CANTO X

Mientras Virgilio muere en Bríndisi no sabe
que en el norte de Hispania alguien manda grabar
en piedra un verso suyo esperando la muerte.
Este es un legionario que, en un alba nevada,
ve alzarse un sol de hierro entre los encinares.
Sopla un cierzo que apesta a carne corrompida,
a cuerno requemado, a humeantes escorias
de oro en las que escarban con sus lanzas los bárbaros,
Un silencio más blanco que la nieve, el aliento
helado de las bocas de los caballos muertos,
caen sobre su esqueleto como petrificado.
Oh dioses, qué locura me trajo hasta estos montes
a morir y qué inútil mi escudo y mi espada
contra este amanecer de hogueras y de lobos.
En la villa de Cumas un aroma de azahar
madurará en la boca de una noche azulada
y mis seres queridos pisarán ya la yerba
segada o nadarán en playas con estrellas.


Sueña el sur el soldado y, en el sur, el poeta
sueña un sur más lejano; mas ambos sólo sueñan
en brazos de la muerte la vida que soñaron.
No quiero que me entierren bajo un cielo de lodo,
que estas sierras tan hoscas calcinen mi memoria.
Oh dioses, cómo odio la guerra mientras siento
gotear en la nieve mi sangre enamorada.


Al fin cae la cabeza hacia un lado y sus ojos
se clavan en los ojos de otro herido que escucha:
Grabad sobre mi tumba un verso de Virgilio.


 De Noche más allá de la noche








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lunes, 14 de agosto de 2017

Antonio Colinas

CLARA EN LOS UFFIZI 

Ibas despreocupada paseando

por  las salas del museo de los Uffizi,

sin saber hacia dónde dirigir tus dos ojos;

avanzabas quizá con el cansancio

del que ha recorrido Florencia todo el día.

No sabías que, de repente, allí

te iba a asaltar un poderoso símbolo:

el de la inesperada Belleza,

el ideal sublime de Belleza y Verdad,

ese que (todavía) nos hace a los humanos

más humanos.



Botticelli fue el nombre del artista.

La Primavera el cuadro.

No supiste qué hacer

y te quedaste muda.

Simplemente dejaste que hablase el corazón.

Y te pusiste a llorar.

Y llorabas,

y llorabas.



A la Verdad y a la Belleza sólo

le faltaban el gozo de tus lágrimas.






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viernes, 2 de septiembre de 2016

Antonio Colinas(España)

(UNOS OJOS)
Al principio pensé que eran de miel,
pues en ellos dormían las abejas.
Pero un día los vi cabrillear
como agua marina: verdeazules.
¿O eran violáceos?
¿O del color del vino
como la mar de Homero?
Acaso relumbraban con el brillo
de un mosto rubio y claro
bajo el sol del otoño
o con el retemblor
de un fuego que ardiera
bajo la mar en calma.
Tan sólo sé que en ellos
había el resplandor
de una alegría fresca y misteriosa.
Tan sólo sé que el mundo
renacía en sus ojos.




Esos ojos de gata no tienen precio: