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jueves, 16 de enero de 2025

Pino Betancor

TERCIOPELO Y SEDA


De terciopelo y seda era su cuerpo,
pero no lo vio nadie.

La enseñaron, ya desde pequeña,

a trabajar muy duro y no quejarse.
A levantarse al alba, blanca y fría,
a ser ave sin vuelo, flor sin aire.

Un día marcha a la ciudad inmensa.

Allí conoce a un hombre, uno de tantos,
pequeño y arrogante.
Los hijos le vendrán sin desearlos,
sin desear a nadie.

Y seguirá cosiendo y cocinando.

Es su deber. No lo discute nadie.
La vida va pasando lentamente
detrás de los cristales.

La enseñaron a ser el pan que se cocina,

la mesa que se pone, la ceniza que arde,
y así vivió su triste y corta vida,
ignorada e ignorante
de todas las bellezas de la tierra.

Nunca de la pasión de los sentidos

le hablaron. De cómo un beso
puede encender el aire.
Y una sencilla, dulce melodía,
hasta el cielo elevarte.

Un día se durmió en la vieja mecedora.

Para siempre. Sin haber florecido.
Marchita ya la tez, marchita el alma.
Como tantas mujeres innombrables.

De terciopelo y seda fue su cuerpo

y no lo supo nadie.

domingo, 29 de septiembre de 2024

Pino Betancor

PRIMER SUEÑO

Si pudiera volver al primer sueño,
a la primera espuma, al primer hálito,
redescubrir la luz con ojos nuevos,
acariciar la flor con nuevas manos.

La hierba primitiva, siglos verdes,
espacios verdes por mi piel rodando.
Los pájaros de entonces, los de siempre,
con sus alas de luz en lo más alto.

Sentir la sangre golpear de nuevo
en el pequeño pulso acelerado,
y hablar con un lenguaje puro y fresco.
Y reinventar palabras, risas, cantos…

Si pudiera volver al primer sueño,
tú serías de nuevo el primer llanto.


sábado, 31 de agosto de 2024

Pino Betancor

LA FALDA

Esa falda de tela desvaída,
tantas veces lavada, usada, poseída,
se ciñe a mi cintura
tan impalpablemente,
que casi ni la siento resbalar
suavemente, rozando mis caderas.

Y esa blusa gastada
de la que tú te ríes
cuando me la ves puesta,
ofrece su caricia más íntima

a mis senos, ahora no tan altivos,
como ella, no tan nuevos.

Ay, las cosas gastadas
por el tiempo y la vida,
se han hecho tan amigas
de mi cuerpo,
que cuando estoy cansada
nada me reconforta
como su suave tacto,
tan cálido y sereno.

El gran armario guarda
las ropas más preciadas.
Oscuros terciopelos,
suaves sedas de Italia.
Los hermosos vestidos
con que te gusta verme.

Pero ahora estamos solos
en la dulce penumbra
de la tarde que cae.

Perdóname que elija
entre el placer de verme
hermosa ante tus ojos,
esta humilde alegría
de verme como soy.


Pino Betancor ✓ Poeta, narradora y cantante de origen canario
Pino Betancor, poeta española 

martes, 27 de agosto de 2024

Pino Betancor

 BALADA A NORMA JEAN
 


Rubia como la luz te descubrimos 

un día, Norma Jean, y eras la luz. 
Cuerpo desnudo en la más pura desnudez. 
Los ojos azules, tan azules, de niña abandonada. 

Pobre, pequeña Norma, tan sencilla, 

como una rebanada de pan recién cocido, 
como un vaso de leche dulce y tibia, 
con tu risa de flor y limonada. 

Creciste pobre y bella, e ignorante. 

Para nuestro recreo y para tu desgracia. 
Te desnudaron aún más, hasta la última 
piel, sinceramente tuya, pura y cálida. 

Te pusieron un nombre nuevo, una nueva risa, 

diferente a la tuya, limpia y clara. 
En tus suaves labios, pintados de granate, 
la voz sonaba falsa. 

Te cubrieron de pieles, de ceñidos vestidos, 

Chanel nº 5, satén y muselinas. 
Visiones y ambiciones de pequeña estarlet. 
Pobre, pequeña , dulce Norma Jean, 
detrás de toda aquella mentira luminosa 
te estaban enterrando. 

Nosotros te mirábamos en la pantalla grande. 

Hermosa, tan hermosa, como una rosa extraña. 
Reías y cantabas y movías el cuerpo 
como te habían dicho que lo hicieras. 

Mas todo era un engaño. 

Tú eras más verdadera en tu belleza 
con tu rostro desnudo de maquillaje y sombras, 
con tu cuerpo de niña que creció demasiado. 

Te descubrimos tarde, ay, demasiado tarde. 

(Sólo el cabello rubio, bajo la tela blanca), 
y ese día, estremecidos y sin voz lloramos, 
oh dulce Norma Jean, y rogamos por ti.