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lunes, 4 de noviembre de 2024

Henri Michaux

¿Náusea o acaso es la muerte que llega? 

Ríndete, corazón mío.
Hemos luchado bastante,
Que mi vida se detenga,
No hemos sido cobardes,
Hicimos lo que pudimos.

¡Oh, alma mía!
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte,
No palpes así mis órganos,
A veces con atención, otras con extravío,
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte.
Yo ya no puedo más.

Señores de la Muerte
No los maldije ni los aplaudí.
Tengan piedad de mí, viajero de tantos viajes sin maleta,
Sin dueño tampoco, sin riqueza, y la gloria que se fue a otra parte,
Ustedes son ciertamente poderosos y divertidos por encima de todo,
Tengan piedad de este hombre enloquecido que antes
de cruzar la barrera ya les grita su nombre,
Atrápenlo al vuelo,
Y después que se amolde a sus temperamentos y costumbres,
si es posible,
Y si les place ayudarlo, ayúdenlo, se los ruego.

viernes, 5 de abril de 2024

Henri Michaux

En compañía de los monstruos

 

Pronto se hizo evidente (desde mi adolescencia) que había nacido para vivir entre los monstruos.

Durante mucho tiempo fueron terribles, luego dejaron de ser terribles y tras una gran virulencia, poco a poco se atenuaron. Finalmente se volvieron inactivos y yo vivía serenamente entre ellos.

Era la época en que otros, aún insospechados, empezaban a formarse y un día se presentarían ante mí, activos y terribles (pues si debieran surgir para ser ociosos y estar atados, ¿quién piensa que alguna vez se mostrarían?), pero después de haber ennegrecido todo el horizonte, llegaban a atenuarse y yo vivía entre ellos con ánimo ecuánime y era una gran cosa, sobre todo habiendo amenazado con ser tan detestable, casi mortal.

Aquellos que a primera vista eran tan desmesurados, infectos, repugnantes, adquirían una delicadeza en el contorno tal que, a pesar de sus formas imposibles, uno casi los hubiera introducido en la naturaleza.

Esto lo causaba la edad. Sí. ¿Y cuál era el signo seguro de su estadio inofensivo? Muy sencillo. Ya no tenían ojos. Librados de los órganos de la detección, sus rostros, aunque monstruosos de forma, sus cabezas, sus cuerpos ahora ya no inquietaban más que los conos, esferas, cilindros o volúmenes que la naturaleza ofrece en sus peñascos, sus piedras y en muchos otros de sus dominios.

 

jueves, 27 de septiembre de 2018

Henri Michaux

Pensamientos
Pensar, vivir, mar apenas perceptible;
Yo―eso―tiemblo,
Infinito que incesantemente se estremece.
Sombras de mundos ínfimos,
sombras de sombras,
cenizas de alas.

Pensamientos a nado, esa maravilla,
que se deslizan en nosotros, entre nosotros, lejos de nosotros,
y están lejos de iluminarnos, lejos de penetrar nada de nada;

extraños en nuestras casas,
siempre de buhonero,
polvos para distraernos y desparramarnos la vida.






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