Mostrando entradas con la etiqueta Pier Paolo Pasolini. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pier Paolo Pasolini. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de mayo de 2025

Pier Paolo Pasolini

AL PRÍNCIPE

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida…
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz

lunes, 12 de junio de 2023

Pier Paolo Pasolini

A algunos radicales

El espíritu, la dignidad mundana,
el arribismo inteligente, la elegancia,
el traje a la inglesa y el chiste francés,
el juicio tanto más duro cuanto más liberal,
la sustitución de la razón por la piedad,
la vida como apuesta para perder como señores,
os han impedido saber quiénes sois:
conciencias siervas de la norma y del capital.


EL FASCISMO DE LOS ANTIFASCISTAS | CRÍTICA El fascismo según Pasolini
Pier  Paolo Pasolini

domingo, 24 de octubre de 2021

Pier Paolo Pasolini

Análisis tardío


Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza



Pier Paolo Pasolini / Francisco “Paco” Urondo: muerte pública de un poeta
Pier Paolo Pasolini, autor y director de cine italiano

martes, 5 de octubre de 2021

Juan Carlos Mestre


Tres poemas para Pier Paolo Pasolini

Sólo porque estás muerto he podido hablarte como a un hombre,
de otra manera tus leyes me lo hubieran impedido.
P. P. Pasolini

I

Hubiera querido góndolas y uvas en tu frente, blanca túnica de vichí
para tu cuerpo de arbusto, vomitel, árbol enorme donde tallen
timbales, panderetas, músicas al tacto valiente de tu risa,
tarambas, oboes y luces en la noche que te cuida,
fósil de ámbar, rejalgar, cristal indefinido que gobierna
adolescentes. Pero ya el humo que resolvió a los príncipes
es témpano dulcísimo, véspero en la tarde de los Médicis,
cascabel y sedas en tu luz definitiva, vértigo ahora
cuando un arpa inicia fuentes de bálsamo en la memoria,
incienso en tu cenotafio de orégano y ciruelas, harina
en el hojaldre sin fin, honrado jinete tan suave en el galope
y hasta relincho fucsia del centauro que quiso Botticelli
para llevarte a hombros a la soledad del ibis, madre
comunal y sagrada que devoró el jaguar, cinta en el pelo,
miel de palma y almendras en el licor de los festejos.

II

Voy a nombrarte como sol que duda entre el jazmín o la libélula,
apenas aurora y ya friso de acanto que te oculta, breve fue
el amor o la alimaña y ya están los evangelios anunciando
fresas en tus labios, liebres, sacristanes, adobes y pulpa de manzana;
quiero esta extensa geografía reducida a brote simple de cerezo
y en tu oreja cultivar infiel e íntima la vida, el deseo, el goce
carnal de un cielo que devore tu muerte y te devuelva intacto
al ágora y al puente, al tren, al mingitorio, a las campanas y a la luna.
Que ya vienen las mariquitas de Roma tocando la marimba y las estatuas]
y la hojarasca y las navajas no son, Dante y el cisne de Veronés,
y Venecia no se hunde por ti y no se hace inalcanzable el vértice,
porque ya estamos todos sin vergüenza en el pubis de Safo, yuruma,
jarabe de maíz, sustancia, hucha y alhelí, caimán y novia.

III

Y es preciso detener la resignación que como mañana blanca de domingo ]
azuza al cárabo, devolver la alegría al alcahuete, el miedo al juez, fingir
hasta el éxodo, adornar con azucena cada culpa, convidar a matrimonio,
volverse cadmio, baya, ser prodigio, retallecer, rugir y hasta ocultar
con velo lo jovial, ingerir jarabes que te vuelvan grillo y regreses
en el canto, araña, saurio, gelatina, nivel del mar que lo inunde todo.
Porque no me acostumbro, prometido, a revejecer, a regirte en el recuerdo,]
a reservarte el mármol como si cónsul hubieras sido, tú, hereje mayor, joya]
que adorno el pulgar, hierba que embosqueció la era, nunca harija, trigo,
rayo que destrona, hiere, apila y excarcela. Te quiero ya tambor, voz atonal,]
adormidera, flauta, tubo de viento. Levanta tu cabeza, cáliz de pan, ven nómada,]
regresa, hágase la justicia y alegrémonos: Ecce homo.



Pier Paolo Pasolini, director de cine y autor italiano



TRE POESIE PER PIER PAOLO PASOLINI

 

                                                    Solo perché sei morto ho potuto parlarti come ad un uomo
                                                    altrimenti le tue leggi me l’avrebbero impedito.
                                                    – Pier Paolo Pasolini

I

Avrei voluto gondole e uva sulla tua fronte, tunica bianca di vichy per il tuo corpo di arbusto, vomitel, albero enorme in cui intagliano timpani, tamburelli a sonagli, musiche al tatto coraggioso della tua risata, tarambas, oboi e luci nella notte che si prende cura di te, fossile d’ambra, realgar, vetro indefinito che governa adolescente. Ma già il fumo che risolse i prìncipi è timpano dolcissimo, vespero nel pomeriggio dei Medici, sonaglio e sete nella tua luce definitiva, vertigine ora quando un’arpa inizia fonti di balsamo nella memoria, incenso nel tuo cenotafio di origano e prugne, farina nella pasta sfoglia senza fine, onesto cavaliere tanto soave nel galoppo e persino nitrito fucsia del centauro che volle Botticelli per portarti a spalla alla solitudine dell’ibis, madre comune e sacra che divorò il giaguaro, nastro nei capelli, miele di palma e mandorle nel liquore dei festeggiamenti.

II

Ti nomino come sole che dubita tra il gelsomino o la libellula, appena aurora e già fregio di acanto che ti nasconde, breve fu l’amore o la bestia e stanno già i vangeli annunciando fragole sulle tue labbra, lepri, sagrestani, mattoni crudi e polpa di mela; amo questa estesa geografia ridotta a semplice germoglio di ciliegio e nel tuo orecchio coltivare infedele e intima la vita, il desiderio, il piacere carnale di un cielo che divori la tua morte e ti restituisca intatto all’agorà e al ponte, al treno, all’orinatoio, alle campane e alla luna. Che già vengono le coccinelle da Roma suonando la marimba e le statue e il fogliame ed i coltelli non sono, Dante ed il cigno di Veronese, e Venezia non affonda per te e non diventa irraggiungibile il vertice, perché siamo già tutti senza vergogna nel pube di Saffo, yuruma, sciroppo di mais, materia, salvadanaio e violacciocca, caimano e fidanzata.

III

Ed è necessario fermare la rassegnazione che come domani bianco di domenica aizza l’allocco, restituire l’allegria al ruffiano, la paura al giudice, fingere fino all’esodo, adornare con giglio ogni colpa, invitare a matrimonio, diventare cadmio, bacca, essere prodigio, rigermogliare, ruggire e persino occultare con velo il gioviale, ingerire pozioni che ti trasformano in grillo e ritorni nel canto, ragno, sauro, gelatina, livello del mare che inondi tutto. Perché non mi abituo, lo giuro, a invecchiare, a reggerti nel ricordo, a riservarti il marmo come se fossi stato console, tu, eretico maggiore, gioiello che adornò il pollice, erba che imboschì l’era, mai friscello, grano, raggio che detronizza, ferisce, ammucchia e scarcera. Ti voglio già tamburo, voce atonale, papavero, flauto, tubo a fiato. Alza la testa, calice di pane, vieni nomade, ritorna, sia fatta giustizia e stiamo allegri: Ecce homo.

.

 Traducción de  Raffaella Marzano