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domingo, 26 de octubre de 2025

Tomás Morales

HA LLEGADO UNA ESCUADRA

Ha llegado una escuadra; anochecido
buscó refugio al sur de la bocana
y a la ciudad entera ha sorprendido
surta en el puerto, esta mañana.

Seis unidades de combate forman
la división, y sus guerreras trazas
sobre el ambiente mate se uniforman
con el esmalte gris de sus corazas.

Por toda la ciudad ha trascendido
la noticia, y el ánimo despierto
por toda la ciudad se vio invadido
en su afán de novedad el puerto.

¡Hélos allí! con sus recién pintadas
carenas y sus fúlgidos metales
torreados de cofas artilladas
graves de orgullo y de vigor navales

Y acusan sus severas proporciones
en son de paz, una agresión latente...
desde las explanadas y espigones
los curiosea, a su sabor, la gente.

Más lejos, los de tipo acorazado,
ya en bahía, las fuerzas de crucero;
y junto al farallón, pulimentado,
como un juguete lindo, un torpedero.

Breza por las cubiertas e imbornales
en fagina, la tropa marinera
y pasan los imberbes oficiales
con los gemelos a la bandolera.

Y presumen la premura diligente
conque ejecuta el atinado coro
las órdenes que mandan desde el puente
los comandantes de silbato de oro.

Todo está listo. Cesa el ajetreo.
Los artilleros guardan avizores.
¡Todo es prestigio, precisión y aseo
bajo los emblemáticos colores!

Y en tanto que las nubes se serenan
y la mañana perezosa avanza;
a intervalos iguales, lentos, truenan
los veintiún cañonazos de ordenanza.



Las rosas de Hércules - Wikipedia, la enciclopedia libre

viernes, 30 de mayo de 2025

Tomás Morales

ODA AL ATLÁNTICO, XXIV

¡Atlántico infinito, tú que mi canto ordenas!
Cada vez que mis pasos me llevan a tu parte,
siento que nueva sangre palpita por mis venas
y, a la vez que mi cuerpo, cobra salud mi arte...
El alma temblorosa se anega en tu corriente.
Con ímpetu ferviente,
henchidos los pulmones de tus brisas saladas
y a plenitud de boca,
un luchador te grita ¡Padre! desde una roca
de estas maravillosas Islas Afortunadas...
Santiago Santana 


martes, 9 de julio de 2024

Tomás Morales

Oda al Atlántico I

El mar: el gran amigo de mis sueños, el fuerte

titán de hombros cerúleos e inenarrable encanto:

en esta hora, la hora más noble de mi suerte,

vuelve a henchir mis pulmones y a enardecer mi canto… 

El alma en carne viva va hacia ti, mar augusto,

¡Atlántico sonoro! Con ánimo robusto,

quiere hoy mi voz de nuevo solemnizar tu brío.

Sedme, Musas, propicias al logro de mi empeño:

¡mar azul de mi Patria, mar de Ensueño,

mar de mi Infancia y de mi Juventud… mar Mío!

Era el mar silencioso…

Diríase embriagado de olímpico reposo, 

prisionero en el círculo que el horizonte cierra. 

El viento no ondulaba la bruñida planicie

y era su superficie

como un cristal inmenso afianzado en la tierra. 

En lucha las enormes y opuestas energías,

las potencias caóticas, sustentaban bravías

el equilibrio etéreo

– a la estática adicto y al Aquilón reacio –

en un inmesurable atletismo de espacio:

lo infinito del agua y el infinito aéreo…

Así pasaron cientos de centurias iguales,

soledad y misterio… Las potencias rivales,

sin abdicar un punto, mantenían su puesto

con su actitud de siglos y su forzado gesto.

Mas, de pronto, una noche claudican los puntales, 

se anuncian cosas nuevas y sobrenaturales. 

Primero es un menguado claror alucinante. 

Ronco rumor distante

se acerca presuroso por el azul sereno;

un diamante de fuego raya el éter, un trueno 

repercute en la clara concavidad de un monte 

de la tierra cercana… y en el brutal desgarro 

de una nube aparece, llenando el horizonte

– áureo de prestigios -, Poseidón, en su carro…