LXXXV
La odio y la amo. Me preguntas ¿cómo puede ser?
Yo no lo sé, pero siento que ocurre y sufro.
La odio y la amo. Me preguntas ¿cómo puede ser?
Yo no lo sé, pero siento que ocurre y sufro.

V
Vivamos, Lesbia mía, y amémonos.
Que los rumores de los viejos severos
no nos importen.
El sol puede salir y ponerse:
nosotros, cuando acabe nuestra breve luz,
dormiremos una noche eterna.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta, no la sabremos nosotros
ni el envidioso, y así no podrá maldecirnos
al saber el total de nuestros besos.
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