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domingo, 6 de abril de 2025

René Char

Habitarás mi silencio

 

A veces 

gritar es acariciarte los muslos, o torpemente 

girar con el escualo de tu sueño aterido 

 

Tropezar en la blancura, 

sumir la negra boca en tu pelo y sentir 

hambre en las raíces 

 

A veces aullar es amarte, 

jugar a los dados con un lobo, otear 

en el aire arrasado las naves 

de la sangre. Creí que te besaba 

cuando la hoz solar me cercenó los labios.

sábado, 29 de marzo de 2025

René Char

Razones para huir

 

A veces escribo buscando una palabra

que me justifique / verso a verso persigo

la única quimera de mi desfalleciente vida

 

Alanceo un instante de risa en el vacío

Paredes se derrumban

a mi alrededor / escapo por un pelo

Sigo corriendo con la nieve a mis talones

como un perro furioso como un blanco sarcasmo

 

(Sé que el hallazgo anula

la vana agitación del héroe y su búsqueda

Busco mi muerte y huyo de ella esta tarde

todas las tardes de esta indescifrable lucidez jadeante

de este jadeante poema inacabable)

 

Al cabo de la última línea doy con ella

El poema está terminado

(Nunca escribo / No hay poema)


lunes, 8 de julio de 2024

René Char

Alta fuente

Siempre hacia a ti
Mas sin decírtelo
Hasta tu boca
amada.
Pero el instante que se va
Me nombra
Cualesquiera sean los rasgos
que yo adopte.

Favorita del aire, la calandria
No deja caer a tierra su canto,
Y por los trigos pasa el viento.

Acerco a la rosa
La punta de mi llama.
¡No ha gemido la espina!
Solo mi propio polvo
Puede gastarme.


lunes, 12 de febrero de 2024

René Char

A la salud de la serpiente

Canto el calor con rostro de recién nacido, el calor desesperado.
II
Le toca al pan que parte el hombre ser la belleza del alba.
III
El que confíe en el girasol no meditará dentro de la casa. Todos los pensamientos del amor serán sus pensamientos.
IV
En el giro de la golondrina una tempestad se informa, un jardín se prepara.
V
Habrá siempre una gota de agua para durar más que el sol sin que el ascendiente del sol sea afectado.
VI
Produce aquello que el conocimiento quiere mantener en secreto, el conocimiento con sus cien pasadizos.
VII
Aquello que viene al mundo para no perturbar nada no merece ni consideraciones ni paciencia.
VIII
¿Cuánto durará esta falta del hombre, agonizante en el centro de la creación porque la creación lo ha despedido?
IX
Cada casa era una estación. Así se repetía la ciudad. Todos los habitantes juntos sólo conocían el invierno, a pesar de sus cuerpos caldeados, a pesar del día que no se alejaba.
X
Eres en tu esencia constantemente poeta, constantemente estás en el cenit de tu amor, constantemente ávido de verdad y de justicia. Sin duda es un mal necesario que no puedas serlo asiduamente en tu conciencia.
XI
Harás del alma que no existe un hombre mejor que ella.
XII
Mira la imagen temeraria en que se sumerge tu país, ese placer que te ha escapado por mucho tiempo.
XIII
Numerosos son aquellos que esperan que el escollo los subleve, que la punta los atraviese, para definirse.
XIV
Agradece a aquel que no se preocupa de tu remordimiento. Eres su igual.
XV
Las lágrimas desprecian a su confidente.
XVI
Queda una profundidad mensurable allí donde la arena subyuga al destino.
XVII
Amor mío, poco importa que yo haya nacido: tú te vuelves visible en el lugar donde desaparezco.
XVIII
Poder ir, sin engañar al pájaro desde el corazón del árbol hasta el éxtasis del fruto.
XIX
Lo que te recibe a través del placer no es sino la gratitud mercenaria del recuerdo. La presencia que elegiste no libera de adiós.
XX
No te inclines sino para amar. Si mueres, amas todavía.
XXI
Las tinieblas que te infundes están regidas por la lujuria de tu ascendiente solar.
XXII
No hagas caso de aquellos a cuyos ojos el hombre pasa por ser nada más que una etapa del color sobre la espalda atormentada de la tierra. Que ellos devanen su largo memorial. La tinta del atizador y el rubor de la nube son sólo uno.
XXIII
No es digno del poeta engañar al cordero, investir su lana.
XXIV
Si habitamos un relámpago, es el corazón de la eternidad.
XXV
Ojos que, creyendo inventar el día, habéis despertado el viento, ¿qué puedo por vosotros? Yo soy el olvido.
XXVI
La poesía es de todas las aguas claras la que menos se demora en los reflejos de sus puentes.
Poesía, la vida futura en el interior del hombre recalificado.
XXVII
Una rosa para que llueva. Al término de innumerables años, éste es tu deseo.


sábado, 3 de febrero de 2024

René Char


Para que nada sea cambiado

1
Mantén tus manos extendidas, sube por la escalera negra, oh consagrada; la voluptuosidad de los granos humea, las ciudades son hierro y charla lejana.

2
Nuestro deseo retiraba al mar su vestido cálido antes de nadar sobre su corazón. 

3
En la alfalfa de tu voz torneos de pájaros expulsan preocupaciones de sequedad.

4
Cuando se conviertan en guías las arenas con cicatrices surgidas de los lentos acarreos de la tierra la tranquilidad se acercará a nuestro espacio cerrado.

5
La cantidad de fragmentos me desgarra. Y en pie se mantiene la tortura.

6
El cielo ya no es tan amarillo ni el sol tan azul. Se anuncia la estrella furtiva de la lluvia. Hermano, sílex fiel, tu yugo se ha partido. El entendimiento ha brotado de tus hombros.

7
Belleza, voy a tu encuentro en la soledad del frío. Tu lámpara es rosa, el viento brilla. El umbral de la noche se hace más profundo.

8
Cautivo, me desposé con la marcha lenta de la hiedra al asalto de la piedra de la eternidad.

9
<>, repite el viento a todo lo quo hace vivir. Te amo y vives en mí.