SONETO XXIX
El pulso de mi padre, su esperanza,
tengo en mi mano a punto de extinguirse,
a punto de cesar o de evadirse
a una región más honda... Leve lanza
su apenas perceptible balbuceo,
cual si entre este latir y su morirse
no mediara ya nada, apenas irse.
¡Tan solo!, aunque lo toco y aún lo veo.
En esto vocecillas infantiles
óyense desgranar: sus nietos llegan
cual si una clara fuente en los pretiles
se abriera del ocaso... Estar naciendo
¿es similar latido a estar muriendo?
Y uno y otro se funden y me anegan.
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