viernes, 23 de febrero de 2018

Meira Delmar

Nueva Presencia
Venías de tan lejos como de algún recuerdo. 
Nada dijiste. Nada. Me miraste los ojos.
Y algo en mí, sin olvido, te fue reconociendo. 

Desde una azul distancia me caminó las venas
una antigua memoria de palabras y besos, 

y del fondo de un vago país entre la niebla
retornaron canciones oídas en el sueño. 

Mi corazón, temblando, te llamó por tu nombre.
Tú dijiste mi nombre… Y se detuvo el tiempo. 

La tarde reclinaba su frente pensativa
en las trémulas manos de los lirios abiertos, 

y a través de las nubes los pájaros errantes
abrían sobre el campo la página del vuelo. 

Con los hombros cargados de frutas y palomas
interminablemente pasaba el mismo viento, 

y en el instante claro de los bronces mi alma,
llena de ángelus, era como un sitio en el cielo. 

Una vez, antes, antes, yo te había perdido.
En la noche de estrellas, o en el alba de un verso. 

Una vez. No sé dónde… Y el amor fue, tan sólo,
encontrarte de nuevo 



 De  Secreta Isla







 Pareja abrazandose cerca del mar

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